Padre, en este día santo, te doy gracias por todos tus beneficios pero especialmente te doy gracias por la entrega de tu Hijo en la cruz, gracias por tan gran prueba de amor. Hoy decido ayunar, porque Jesús lo hizo, porque la Iglesia lo pide, porque tu Madre me invita a hacerlo, no solo con el cuerpo, sino también con el corazón. Te pido la gracia, que esta renuncia exterior me ayude a crecer en mi interior: en mi amor a Ti y a mis hermanos. A lo largo de este día, deseo mantener mi vista puesta en la entrega de Jesús, más allá de las cosas materiales que me rodean. Concédeme con este ayuno la gracia de comprender cuanto te necesito y haz que crezca mi sed de Ti. Purifícame también con este ayuno de mis malos hábitos y enséñame a dominar mis pasiones; que en su lugar, florezcan las virtudes, que limpie mi alma hasta lo más hondo, para que sea capaz de abrirse totalmente a recibir tu gracia. Que pueda tener la misma firmeza de Jesús ante la cruz, para así servirte y unirme a tu santa voluntad. Virgen María, que estuviste al pie de la cruz, intercede por mí, enséñame a ayunar y orar para que en este día pueda asemejarme más a tu Hijo Jesucristo. Amén.
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