Sábado Santo

«Mi alma espera en el Señor y yo confío en Su Palabra»

Sal. 129

 

Propuesta espiritual

SÁBADO SANTO

«Mi alma espera en el Señor y yo confío en su palabra» Sal 129

    • Sugerencias del día: Ambientación, vestimenta y comida
    • Meditación de la palabra, por la Sociedad de María
    • Catequesis sobre la Resurrección, por el Padre Teo Brea
    • Contemplación de Los dolores de María
    • Consagración de la familia a María
    • ¿Cómo vivir bien la Vigilia Pascual? Hermana María de la paz
    • Vigilia Pascual – 20h

    SUGERENCIAS DEL DÍA

    Ambientación:

    Durante el día, nos unimos a la Virgen María en la espera de la Resurrección, a la noche, luego de la Vigilia, celebramos junto a toda la Iglesia que Jesús resucitó y vive para siempre. Por eso es bueno
    mantener cierto despojo en la casa, de imágenes, flores o decoración, y en el rincón de la Cruz, cambiar la Cruz por un cuadro de la Virgen, para unirnos junto a ella a la espera del Salvador.

    Vestimenta:

    Para la Vigilia es un buen gesto elegir una ropa que exprese la resurrección. También es bueno preparar la casa en familia para ese momento, el lugar donde viviremos la celebración puede ser ordenado y limpio para recibir a Jesús Resucitado. Cada integrante de la familia puede tener su propia vela y en el centro una vela más grande que simbolice el Cirio Pascual. Es una buena idea pintar el cirio con acrílicos. Al centro, puede ir el siguiente dibujo, que representa a Cristo, su muerte y su resurrección con el año correspondiente:

    Comida:

    Se propone también una comida sencilla en el almuerzo y a la noche la comida preferida de la familia ¡Esta es la noche del Señor, que venció a la muerte! Es noche de fiesta y gozo pascual: el mantel, la decoración de la mesa, la vajilla debe expresar que para nosotros los cristianos, ésta es la noche más importante del año.

    Playlist de música para este día

    Que puedas a través de estos cantos hacer propias las palabras del salmista y que este día transcurra en una espera confiada en el Señor.

    Meditación:

    INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
    “Mi alma espera en el Señor” (Sal. 129) Espíritu de Dios, en este día de silencio y espera, te pido la gracia de poder hacer silencio interior, de callar otras voces, ruidos, distracciones, pensamientos vanos y poder entrar en este día de espera, de anhelo, de silencio de Dios. Ven Espíritu Santo, ayúdame a unirme a la Virgen en la espera de su Hijo, dame la gracia de esperar al Salvador, con todo mi corazón…Ven Espíritu Santo…

    LECTURA DE LA PALABRA:

    Hoy no hay lecturas propias del día porque la Palabra de Dios hace silencio, Jesús después de morir en la cruz desciende a los infiernos, estamos en silencio esperando expectantes su Resurrección. Hoy te proponemos orar con el Salmo 130(129).

    QUÉ DICE:

    El sábado santo es el día de la espera, “mi alma espera en el Señor” dice el Salmo. Los sentimientos propios de este día son la esperanza, una espera que es confiada, que sabe que el Señor va a volver. Esperamos al Señor que vuelva de los infiernos, que salga del sepulcro victorioso, que nos resucite junto a Él! “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él” (Rom. 6, 8). Podés leerlo detenidamente y quedarte con alguna Palabra, extendiendo con tu oración personal… Uni tu corazón a las Palabras del salmista, también podés unirte a la Virgen María, imaginártela que espera con fe, que sabe que su Hijo va a demostrar su gloria, que sabe que Él tiene la victoria.

    QUÉ ME DICE:

    La esperanza es la espera confiada en la victoria de Jesús en mi vida, es creer que el Señor puede triunfar
    en mi… ¿Tengo confianza en que en esta Pascua el Señor puede resucitarme? ¿Creo que a partir de esta noche, por el
    poder de Jesús, me espera una vida nueva? ¿En que aspecto de mi vida necesito que llegue la luz de la Resurrección de
    Jesús?

    QUÉ LE DIGO:

    Te invito a que termines con un diálogo con la Virgen María. Entregale a ella todos tus temores o incertidumbres, que te comparta su fe en Dios, ella que proclamó que “el Todopoderoso había hecho grandes cosas” (Lc.1, 49) y ahora confiaba, pedile a tu Madre que te enseñe a confiar, a vivir como un hijo de la confianza, que Dios puede en vos.
    Padre Nuestro. Ave Maria. Gloria.

    Prédica del Padre Teo

     Ejercicio espiritual 

    1. Buscá un lugar para rezar. 

    2. Invoca al Espíritu Santo pidiéndole contemplar a Jesús en su descenso a los infiernos. 

    3. ¿Cuáles son mis miedos más profundos en este 2020 o en este tiempo de cuarentena?

    4. Leer el texto que está a continuación en oración («Homilía sobre el sábado santo»)

    5. Usá tu imaginación en oración. Imaginate que vos sos “Adán” a quien Jesús resucitado viene a buscar. Imagitate a Jesús como indica el texto, con su cruz victoriosa. Miralo a los ojos. Entra en diálogo con él. Presentale lentamente cada uno de tus miedos y frente a cada uno escucha Su Voz que te dice: “Levántate, obra de mis manos, salgamos de aquí”

    6. Termina escribiéndole una carta a Jesús. Dale gracias por su resurrección y pedile que en este 2020 vivas ya no en el miedo sino en una confianza inquebrantable en Él y en sus promesas.

    Homilía sobre el sábado santo

    De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado Santo
    ¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y -una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
    En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
    El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «Y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.

    Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: Salid, y a los que estaban en tinieblas: Sed iluminados, y a los que estaban adormilados: Levantaos.

    Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. ¡Levántate, obra de mis manos! levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
    Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
    Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
    Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
    Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios. Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

    Los Dolores de María

    La Iglesia nos invita a meditar en los dolores de la Virgen, especialmente en 7 de ellos. Los dolores de María son los dolores de toda madre y de toda la humanidad. Repasar los Dolores de Maria supone en primer lugar reconciliarnos con la presencia del dolor en nuestra vida. María nos enseña que no podemos pretender vivir una vida en la que esté ausente el dolor. Que siempre ha habido y habrá limitaciones dolorosas que nacen de la vida misma. Y que siempre ha habido y habrá renuncias dolorosas que nacen del amor. Maria no ha entendido muchas de las cosas que se han ido dando en la vida de Jesús pero siempre ha estado a su lado. Ha sido la madre cuidadosa y atenta a la evolución del hijo que crece, la discípula que escucha y rumia sus palabras y las convierte en seguimiento verdadero, la mujer asociada a la obra de la redención bridando toda su capacidad de amor y servicio. Maria nos enseña el valor de la fortaleza que acompaña, de la presencia que no decae. El amor se hace presencia incondicional y compañía consoladora. Frente a un dolor muy grande el amor inventa formas de expresión, gestos de comunión, iniciativas de presencia, silencio consolador. Cuando las palabras no alcanzan los gestos comunican.

    PRIMER DOLOR – La Profecía de Simeón (Lc. 2, 22-38)

    Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso .Conducido por el Espíritu Santo fue al Templo y cuando María y José llevaron al Niño Jesús al Templo para cumplir con la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios. Maria y Jose estaban admirados por lo que decía Simeón y este después de bendecirlos, dijo a María la madre, “Este niño será causa de caída y elevación para muchos en Israel, será signo de contradicción y a ti misma una espada te atravesará el corazón”. María en aquel instante no comprendió lo que significaría “una espada en el corazón”. Con Jesús pequeño en sus brazos, todavía siendo amamantado, era difícil imaginar el futuro del dolor, todo era sueños y esperanza. Ella bien sabía que era hijo del Altísimo. La Virgen María guardó las enseñanzas de Simeón, aunque fueron comprendidas después que todo ocurriera. 

    ORACIÓN

    Virgen Madre de las madres, Señora de los dolores, ruega por mí. Protegeme; suaviza esa espada que hiere mi alma, espada de inseguridad. quiero consagrarte mi vida a ti. Señora mi vida es tuya, mi familia es tuya; mira y vela por mi y mi familia como lo hiciste por Jesus

    Padrenuestro… Ave Maria… Gloria…

    SEGUNDO DOLOR – La Huida a Egipto (Mt. 2, 13-15)

    Después de la partida de los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. Maria con su hijo todavía en brazos, atraviesa el desierto, no mira para atrás, los ojos de María y José ven el camino que los llevará a donde Dios los quería: Egipto. El dolor de Maria está en tener conciencia del peligro, en la responsabilidad de ser la Madre de Dios. Las madres son casi todas iguales…en el amor sin límites, incondicional, pura donación, amor dedicado; Madres leonas, que atacan al enemigo para defender la cría.

    ORACIÓN

    Virgen querida! Quiero acompañarte en las fatigas, trabajos, sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios. Santísima Madre, toma mi vida y mi familia en tus brazos, y dales tu santa protección.

    Padrenuestro… Ave Maria… Gloria…

    TERCER DOLOR – La Pérdida de Jesús niño en Jerusalén (Lc. 2, 41-50)

    Sus padres iban todos los años a Jerusalén, a la fiesta de la Pascua. Cuando el niño tuvo 12 años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén, sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo. Al no encontrarlo regresaron a Jerusalén. Al tercer día lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Se alivia el dolor de María al encontrar a Jesús. Corazón fuerte, corazón santo, corazón inmaculado, lleno de amor.

    ORACION

    Te pido Virgen del corazón traspasado, ven en mi auxilio. Enséñame a tener tus actitudes, haz que mi corazón sea como el tuyo. A tener plena confianza en el Señor. Que yo no me desanime. Dame fuerzas. Amén

    Padrenuestro… Ave Maria… Gloria…

    CUARTO DOLOR – El encuentro con Jesús camino al Calvario (Mt. 27, 27-31)

    Y ahora en esta hora crítica, cuando todo se borra y nada se comprende, cuando los amigos y discípulos desaparecen y los enemigos se ceban y atacan, María está fuerte y firme junto a su Hijo. María comparte el sufrimiento de Jesús mientras Él carga la cruz por las calles de Jerusalén. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. La Madre no puede liberar al Hijo, sale al encuentro de su pasión y acompaña dolorosa con su amor siempre fiel, para sostenerlo con su fortaleza e impedir que sucumba en su misión.

    ORACION

    María, yo también quiero acompañar a Jesús en su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.

    Padrenuestro… Ave María… Gloria…

    QUINTO DOLOR – La muerte de Cristo en la cruz (Jn. 19, 25-28)

    Maria presencia la crucifixión y muerte de Jesús. Contempla los dos sacrificios en el Calvario: uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Ella permaneció al pie de la Cruz. Qué tristeza la de María Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Oyó a su Hijo prometerle el Cielo a un ladrón y perdonar a sus enemigos.Jesús al ver a su Madre y cerca de Ella al discípulo a quien Él amaba le dijo, “Mujer aquí tienes a tu hijo” luego dijo al discípulo “Aquí tienes a tu Madre”. Y con esas palabras dichas a Juan, Jesús nos ha dado a su Madre.

    ORACIÓN

    María yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca les fallas a tus hijos. Ayúdame Madre a aceptar con confianza de hija cada situación que tenga que pasar en esta vida

    Padrenuestro… Ave María… Gloria…

    SEXTO DOLOR – María recibe a Jesís bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46)

    María al pie de la cruz toma en sus brazos el cuerpo de su Hijo. Lo abraza, lo besa, lo baña con sus lágrimas. Traspasada de dolor como esa profecía que escuchó de los labios de Simeón, sintió el filo de esa espada que atravesaba su corazón y quebraba su vida en pedazos. Vos  Madre que sabes lo que es el dolor. Dolor profundo, que arde, ahoga. Con esa experiencia de dolor podes comprender y consolar cualquier dolor humano por una enfermedad, un vicio, una pérdida no esperada.

    ORACIÓN

    Tómanos en tus brazos Madre, y apriétanos fuerte para que nos sintamos protegidos y amparados.

    Te pedimos Madre la Gracia del abandono completo en Dios Padre. Quiero abandonarme en los brazos del Padre pues solo así tendré fuerzas para aceptar tal vez lo irreparable y tener más fuerzas para luchar y enfrentarlo.

    Dame coraje para luchar contra el sufrimiento y la falta de voluntad para vivir y seguir adelante. Que no dude de tu presencia que nos lleva al amor del Padre.

    Protégenos Madre y enséñanos el camino de la entrega

    Padrenuestro… Ave Maria… Gloria…

    SÉPTIMO DOLOR – El entierro de Jesús (Jn. 19, 38-42)

    Acompañas a tu Hijo al sepulcro. Una piedra los separa y te lo quita de tus ojos, de tus brazos, de toda cercanía física. Sepultar a una persona querida es sentirse sepultado con él. Ya no hay más contacto humano. Cuánto vacío te inunda Madre y cuánto silencio y soledad se apodera de ti.

    ORACIÓN

    Te pedimos Queridísima Madre que escuches nuestras angustias a los que acudimos a Ti. Que nos des la fuerza para levantamos del abatimiento, la tristeza y poniéndonos de pie dar sentido a tanto dolor.

    Deseamos vivir como Tú, la fidelidad en la Fe solo así nuestro corazón puede ser alivianado, porque solo el amor del Padre puede llenar ese vacío que dejan las ausencias.

    Padrenuestro… Ave María… Gloria…

    Consagración de la familia a la Virgen María

     Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienen a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Jn 19, 25-27

    Palabra del Señor

    Gloria a ti Señor Jesús

    Cuando ya lo había dado todo, nos dejó como legado a su madre. Y nos proclama sus hijos. Nos regala no simplemente su afecto sino su maternidad, su protección maternal. Nos deja ocupar su lugar de hijo, para que lo seamos también nosotros. Y con amor de madre María nos toma a cada uno de nosotros, cada día de nuestras vidas.

    Les proponemos hacer un acto de Consagración a María. Puede ser individual o en familia si pueden.

    Qué significa consagrarse a María? 

    Significa entregarse a Cristo por amor, a través de María. Viviendo según su ejemplo cada uno de nuestros actos y decisiones. Es hacernos pequeños, y dejarnos conducir por ella de la mano hacia Jesús. María es el camino más corto al Cielo. Es poner en sus manos todas nuestras preocupaciones e incertidumbres pidiendo ella interceda por nosotros ante el Padre.

    Es tomarla de ejemplo y obrar como ella. Es aceptar con amor y fidelidad la voluntad de Dios en nuestras  vidas. Es elegir, como ella, a Dios ante todo y a su voluntad antes que la mía. Es entregarnos a vivir en la fe como ella lo hizo, aún en los momentos más oscuros de nuestra existencia. Es confiar en que de su mano, todo nos conducirá al Padre. 

    Es pedirle sus criterios, sus virtudes para nuestros días. Es vivir bajo su manto. Es contar con ella como aliada cada día. Es caminar por la vida con el perfume de Cristo, como ella.

    Les proponemos, en un clima de oración disponer el corazón y la casa para consagrarnos a María.

    Pueden prender una vela y reunirse en torno a una imagen de María. 

    Hacer una oración de inovcación al Espíritu Santo

    Leer nuevamente el pasaje del Evangelio de Juan donde Jesús desde la cruz nos regala a su madre.

    Contemplar en silencio la imagen de María que tenemos delante. 

    Luego, en voz alta o en el silencio del corazón, que cada uno haga un acto de entrega, de consagración a María, poniendo nuestra vida en sus manos, nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestras decisiones, nuestros proyectos. Pongámosle nombre a cada una de esas situaciones que dejamos a los pies de nuestra madre.

    Y especialmente pongamos en sus manos nuestra fe y amor a Dios, para que ella los custodie y enriquezca. Para que cuide en nosotros la pureza de corazón que nos permite ver a Dios y permanecer en ÉL.

    Terminamos con esta oración:

    “Oh Santísima e Inmaculada Virgen María, tiernísima Madre nuestra y poderoso auxilio de los cristianos. Nosotros nos consagramos enteramente a tu dulce amor y a tu santo servicio.

    Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentidos y con todas sus fuerzas, y prometemos obrar siempre para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

    Te suplicamos oh dulcísima Madre que no apartes nunca tu piadosa mirada de nosotros. Sé para nosotros oh María, dulce esperanza, Madre de Misericordia y puerta del cielo.

    Te suplicamos Madre de Dios, que nos enseñes a imitar tus virtudes, la humildad profunda y la ardiente caridad, a fin de que, por cuanto es posible, con tu presencia, con nuestras palabras y nuestro ejemplo, representemos en medio del mundo, a tu hijo. 

    Haz, oh María Auxiliadora que permanezcamos reunidos bajo tu maternal manto; haz que en las tentaciones te invoquemos con toda confianza; y en fin, el pensamiento de que eres tan buena, tan amable y tan amada, el recuerdo del amor que tienes a tus devotos, nos aliente de tal modo, que salgamos victoriosos contra el enemigo de nuestra alma, en la vida y en la muerte, para que podamos formarte una corona en el paraíso. Amén”

    ¿Cómo vivir bien la Vigilia Pascual?

    Viví en vivo la Vigilia Pascual – 20h